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sábado, 15 de marzo de 2014

Tom Z Stone. J.E. Álamo.



   En un mundo donde la sociedad está podrida e invadida de maldad, perversión y violencia, donde la humanidad se divide entre nacionalidades mezcladas y razas que coexisten en los albores del infierno, otra especie en alza molesta, cabrea y hace crecer el odio en gran parte de la población: Los reanimados.

   Y dentro de ellos, marcando un estilo propio y haciéndose insufrible para muchos, está Tom Z Stone. Un reanimado especial, distinto e imposible. Un detective privado al que una preciosa mujer le encarga un caso que, desde el primer momento, no parece claro. Las cosas se complicarán, correrá peligros y vivirá encuentros que rozarán los límites de la crueldad. De su mano conocremos personajes dispares, equidistantes y, a la vez, con muchas más cosas en común de las que a priori se nos presentan. Seremos capaces de reir con su sarcástica manera de vivir y afrontar cada momento, de asombrarnos con su habilidad lingüistica y su vocabulario barrio bajero, pero tambien sufriremos la agonía, el desquicie y la fatiga que supone ser alguien como él.

   Espléndidamente narrada con una primera persona cercana y usando distintas maneras de contar por que en la sociedad ha ocurrido lo que ha ocurrido, serás transportado de una historia a otra para encadenar situaciones, lugares y acciones, que poco a poco van encajando y dejan en el lector un sabor distinto en cada una de ellas.

   Excelente inicio para lo que parece una gran saga a la que no hay que perder de vista, pues seguro que Tom Z Stone no se quedará quieto.

   Recomendada por ser distinta, esta historia de zombis, reanimados o como quiera que se les denomine note dejará indiferente.

sábado, 17 de agosto de 2013

Calles de Chatarra. Alejandro Guardiola




De nuevo, con muchísimo retraso y bastante más tarde de lo que me habría gustado, aparezco por aquí para comentar una nueva novela que ha pasado por mis manos. Se trata de Calles de chatarra, el segundo trabajo de Alex Guardiola y primer lanzamiento de la editorial Palabras de agua, que ha dado mucho que hablar por Internet en los últimos meses.

La sinopsis, voy a usar la de la contraportada del propio libro, ya que me parece de lo más acertada y, tras ella, comentaremos su contenido:

Una oscura noche, después de una discusión familiar, la pequeña Irina asiste impotente al asesinato de su hermana sin ser capaz de explicar nada ni a la policía ni a sus padres. Ya adulta, Irina Gryzina, detective del departamento de inhumanos de Semura, será la encargada de resolver el caso del homicidio de una ninfa con el que se pone en jaque la débil convivencia pacífica entre humanos e inhumanos. Sin embargo, según avanza la investigación, Irina comenzará a desenterrar demonios de su pasado que creía olvidados. Una novela de tráfico de drogas y alcohol, corrupción, amores perdidos, racismo, traiciones y asesinatos… Una historia plagada de personajes que no dudarán en bajar a los infiernos para conseguir sus objetivos. Una novela de género negro ambientada en un mundo fantástico demasiado parecido al nuestro.

La historia como podéis ver, gira alrededor de la figura de una investigadora de la policía de la ciudad que, de pequeña, asistió con horror cómo su hermana era asesinada (y algo mas) en la habitación que compartían. Eso marcó de por vida a nuestra protagonista, cosa que a lo largo de la trama se ve reflejado de una manera muy bien narrada. Pero antes de ponerme a hablar de los personajes, parémonos primero en la historia durante unos minutos.

Lo primero que me gustaría resaltar del mundo creado por Alex, es su perfecta ambientación y puesta en escena. Imaginaos una polis “humana” de las nuestras, de las de “verdad”. Y ahora, como si fuese una fotografía antigua, pasémosla al blanco y negro. Quitémosle el sol, la luz, los espacios abiertos, y detengámonos en los suburbios, en las comisarías llenas de policías alcohólicos, corruptos, en esos antros llenos de clientes borrachos atravesando la neblina gris producida por las volutas de humo de los cigarros de los clientes, o en los callejones donde se llevan a cabo los trapicheos, los contrabandos y las palizas por encargo. ¿Os lo habéis imaginado? Pues eso es Calles de chatarra en todo su esplendor. Ahora os pediré un esfuerzo más. Sustituir a los gangsters de trajes impolutos y sombreros de ala ancha por fornidos y enormes trolls, a las finas y emplumadas prostitutas por hadas preciosas con alas transparentes y sonrisas embaucadoras, las botellas de whisky de malta por una bebida de fuerte nivel etílico llamado licor de hada y la heroína y la cocaína que se dispensa en los callejones más oscuros, por la mierda de elfo, la última moda en estupefacientes, y entonces sí que habéis entrado en Semura, la ciudad donde acontece toda la trama que nos regala el autor. Y por cierto, a modo de curiosidad, dicho nombre corresponde al de Zamora, ciudad en la que vive nuestro autor y que realmente es su nomenclatura en árabe.

Sin lugar a dudas, si tengo que destacar algo de toda la novela, es ese ambiente opresivo, triste y bohemio de las novelas negras. Una ambientación que le viene al pelo para poder contar lo que la mente perversa de Alex ha estado fraguando durante once meses. Todo lo que rodea a los personajes está descrito con un mimo tal, que provoca con celeridad el que te veas sumergido en la historia como un personaje más de la misma. La facilidad con la que los humanos y otros seres fantásticos conviven en la novela y entrecrucen sus vidas sin que te chirríen los dientes, es espectacular, un detalle digno de alabar.

El comienzo de la novela no puede ser más esperanzador. Su narración es directa, como un golpe de boxeador en el mentón. No se detiene en ningún momento con descripciones innecesarias. Hay un suceso que contar y cuanto antes, mejor. Y si se puede ser escabroso, mejor. Hay que atrapar al lector, y lo consigue con esas primeras cuatro páginas caminando alrededor de ese perfecto cliffhanger, en el que toda la novela comienza a girar como un perfecto mecanismo de reloj lleno de engranajes. De hecho, a medida que la trama va avanzando, y durante muchísimo tiempo, parece que dicho suceso es un relato creado solo con la intención de atarte a la historia y que sientas curiosidad por descubrir qué sucedió en aquella habitación, aunque más tarde, la verdad será revelada.

Me ha llamado la atención todo este submundo tan oscuro y tan lleno de detalles, ya que, si te fijas en las similitudes con el Nueva York o el Boston de los años de la Ley Seca, juega con todos esos submundos relacionados con la Mafia, integrándolos en una trama paralela de la que nuestra detective es protagonista. Además, la inclusión como personaje principal de ese troll con pinta de matón llamado Mark, su “torque”, un artilugio que llevan todos los de su raza alrededor del cuello a modo de collar y que limitan su descomunal fuerza, su objetivo principal en la vida, y su manera de cruzarse con Irina es un recurso muy bueno que dota de agilidad a la trama. Eso sin contar todo lo que rodea a su pueblo, que también merece mención aparte, pero que hoy no voy a abordar por no extenderme más aún.

Sin duda, la mezcla de sucesos pasados y presentes mediante cortos capítulos de flashbacks donde se nos explica la vida de ambos personajes y en los que se va desenredando el por qué de cada una de sus acciones y sus vicisitudes actuales, es algo valiosísimo para el perfecto funcionamiento de todo lo que debe acontecer en el relato.

Pero al igual que dichas virtudes elevan con mucho la originalidad de la novela, también, y siempre desde mi punto de vista, hacen que la misma no deje de ser una historia negra más, muy bien contada y con el elemento de fantasía presente, pero al fin y al cabo, una trama de venganzas y traiciones vista más de una vez. Las comparaciones anteriormente expresadas por mí, en las que los trolls son gangsters, las putas, hadas y la droga, mierda de elfo, puede provocar que los más exigentes sientan que el libro adolece de una trama mas enrevesada para poder calificarla de una obra referencial en el género negro. Yo, por suerte, no soy de ese grupo, y a pesar de ser consciente a medida que iba leyendo de que la trama no iba a ser muy intrincada, me mantuvo atento a sus letras desde el principio y escondido entre las calles de Semura atento a cada movimiento detrás de los callejones. Sí amigos, porque al fin y al cabo, entretener, que es lo más importante en mis lecturas, entretiene. Y mucho.

Su narración es buena, sin exacerbar las descripciones ni detenerse en el tipo de costura que tenían las múltiples cortinas de los baños de los clubes, ni en los arañazos infringidos en cada vehículo que cruza las calles salpicadas de charcos de lluvia. Y no lo hace porque no hace falta, ya que su historia no lo necesita. Por tanto, otro punto a favor para Alex y su obra.

Los personajes… ahí es donde yo puedo quejarme un poco más. Irina y Mark desde el principio están muy bien construidos, llenos de matices, de historias pasadas, de fuegos interiores que apagar. Pero a medida que el tiempo va avanzando, estos comienzan a aplanarse y dejan de hacerlo de la misma manera que al principio. Hasta el punto de que el final de uno de los personajes, el objetivo que va buscando y el que nosotros estamos esperando, se desenlaza de una manera rápida, apresurada y demasiado volátil para un servidor. Como si todo el camino andado no tuviese importancia tras tantas cosas hechas y tantos sucesos acaecidos.

Además, algunos de los personajes que tienen muy buena pinta, desaparecen de un plumazo (con una explicación de por medio, no así como así) siendo desaprovechados de una manera  inexplicable. De hecho, uno de ellos, para mí de lo mejorcito de la novela, deja varias incógnitas de su personalidad sin resolver, cosa que a mí me molestó de una manera inimaginable.

Pero en definitiva, Calles de chatarra es una muy buena novela, bien narrada, bien llevada y de una originalidad soberbia. Un detalle que me encantó, fue que mi propia cabeza imaginaba aquel mundo como una evolución del universo World of Warcraft, en el que pasados cinco mil o seis mil años, todas las razas y habitantes de esos mundos habrían derivado en lo que Alex acaba narrando, que no es más que un posible futuro para una sociedad así, si es que pudiese existir.

Si de verdad os gusta la novela negra, los mundos de fantasía, los asesinatos y, por consiguiente, los asesinos en serie, y las historias que te cogen de la pechera y no te sueltan hasta que llegan a su fin, esta es vuestra novela sin lugar a dudas

domingo, 2 de junio de 2013

Tom Z. Stone. Joe Álamo





Tras mucho tiempo sin aparecer por estos lares, vuelvo de nuevo para comentar una novela que me ha gustado, y mucho. Se trata de Tom Z. Stone, de Joe Álamo. Una novela equivocadamente catalogada como Terror y que bebe del género negro más clásico con una trama oscura y atrapante y un personaje borde y socarrón. Pero vayamos primero con el argumento:

Tom Z. Stone es un investigador privado al que una espectacular mujer contrata para que solucione un turbio asunto de chantaje. Stone ha de enfrentarse a criminales, asesinos, chantajistas y al mismísimo marido de su clienta, uno de los delincuentes más peligrosos de la ciudad… Pero el investigador es un tipo duro y con experiencia, tan eficaz como hay que serlo en un mundo que acaba de sufrir un cambio brutal: el llamado FR, el día que los muertos volvieron a caminar… Y Stone es uno de ellos: un reanimado, un “Zeta” como les llaman los políticamente incorrectos, y sabe que como a cualquier reanimado, le quedan 4 años de vida; sabe también, que antes de morir sufrirá una brutal degradación que le transformará en un terminal o “desgastado”.

Ya desde las primeras palabras que lees de esta historia te debates entre dos ideas, si lo que contendrán sus páginas será de género zombie, o en realidad será una trama negra de aquellas de olor a tabaco y al alcohol de taberna de los sesenta… Pues bien, sin duda, es más de lo segundo que de lo primero, aunque el tema Z dará mucho juego en la trama. 

Tom es esa clase de personaje característico de este tipo de historias, siempre de punta en blanco, socarrón, con la frase perfecta a punto de salir de sus labios y con un pesimismo y unas ganas de vivir que solo a un paciente terminal podríamos achacárselas. Y por supuesto, su pitillo en la boca, pegado a sus labios y con la equivocada sensación de que se caerá de su sitio. Ahí es donde radica la esencia del personaje. Tom es un Desgastado, un Zeta como bien dice la sinopsis, que sabe que de un momento a otro su vida colapsará y se convertirá en un cuerpo sin vida que se dejará llevar por los impulsos zombificados de sus células muertas. Por tanto, sabiéndose muerto más pronto o que tarde, no tiene miedo a cruzar ese umbral.

A su vez, la sociedad que le rodea le odia a él y a los de su calaña debido al miedo que les procesa la posibilidad de que sus seres queridos de la noche a la mañana se conviertan en no muertos en mitad del sueño y acaben devorando a sus mujeres e hijos en un descuido.

La verdad es que si eliminásemos de la trama el tema Z, esta aun seguiría siendo una novela de calidad, de altísima calidad, porque, si no lo he dicho, Tom Z. Stone goza de un pedigree difícilmente localizable en la mayoría de las novelas que pueblan las estanterías de nuestras librerías. El tema de los zombies solo añade un pequeño toque de género que provocará diferentes situaciones originales y que sirven al autor para, por una parte engrosar la trama, y por otra, disfrutar con la creación de relatos cortos que van componiendo un puzzle meticulosamente confeccionado que casa de una manera perfecta con la trama principal que se nos va contando.

La ambientación que Joe nos da de la ciudad protagonista es oscura, brumosa, sórdida y decadente. Muy acorde con la propia personalidad del protagonista. Los lugares de reunión de la sociedad no son más que un reflejo de esa atmósfera que Joe busca imprimar en el lector y que consigue a todas luces en cada uno de sus escenarios, desde la aparición del Algodón Sureño o la misma comisaría de policía, pasando por la propia oficina en la que trabaja el Detective Stone. Además, las menciones a múltiples temas musicales de la época de los sesenta y los setenta impriman a la historia aun mas toques ese género negro que tanto me ha gustado. A destacar la cantidad de referencias a la figura de los Beatles.

A pesar de que nos encontramos delante de una novela calificada como Z o de terror, yo no podría estar más en desacuerdo con dicha calificación como ya comenté anteriormente. Estamos frente a una novela negra pura y dura, de las que tanto escasean en el mercado español y con las que todos, absolutamente todos los lectores disfrutarían como verdaderos niños. La Z que se dibuja en su portada, no hace sino apartar a futuros lectores por miedo a encontrarse con una historia llena de vísceras y seres muertos y  tontos vagando por las calles desoladas de una ciudad cualquiera que ha sido presa del Apocalipsis. 

Volviendo al contenido de la novela, quiero destacar algo que me ha parecido imposible de superar, su excelente prosa. El vocabulario que utiliza Joe y, sobre todo, cómo lo utiliza es algo que debería estudiarse en todas las academias de escritura de este país. La sencillez con la que el autor escribe utilizando todo tipo de palabras comunes y no tan comunes, da una simpleza y un empaque a la trama que te hace paladear cada una de las frases que aparecen en sus páginas.

Sus personajes, perfectamente definidos, no se caracterizan por su extremada evolución, pero sí por la infinidad de detalles que tienen sus personalidades. Tom es un tipo lleno de matices, pero que se ve eclipsado en cada escena toda vez que Mati aparece en acción. Su secretaria personal, con aspecto de mujer necesitada de la protección de su jefe, no es lo que parece, al igual que nuestro personaje, duro y frío como el hielo tampoco es lo que pretende aparentar. La otra fémina de la historia, Eva Espinosa, cliente del Sr. Stone, da ese toque canalla y de Femme Fatale que necesita todo investigador privado.

En definitiva, una lectura muy amena y disfrutable con una historia muy bien construida y fácil de seguir. El toque zombie le viene muy bien tanto al personaje principal como al trasfondo de la historia y su ambientación no podía ser mejor. Por tanto, desde aquí recomiendo su lectura ya que un servidor la ha disfrutado de una manera muy efusiva. Además, muy pronto me tendréis por aquí comentando su segunda parte: Tom Z. Stone. Let it be.